Quiénes son los que se detienen para escuchar el eco que deja el que se va.
Quiénes detienen la marcha, la letra y las manos para atrapar y guardar la voz fugitiva.
Voz que grita y cesa, como cuando el día de pronto es noche y su mirada se hace final.
Quienes asisten al último rumor del tiempo y sus devenires.
Quienes saben vivir como quien transita un puerto, que levanten la mano.