sábado, 1 de agosto de 2015


Salvo el alma de los otros.
Tengo calor,
siento la fiebre,
el estruendo.
¡Tengo amor!.
Viaja manso por las venas,
agota de sangre mis ojos.
El Sol ha vuelto.
Y ha vuelto la primavera,
helada,
a sacudirme los huesos
y mojarme el oído con su aliento de flores
dulces,
eternas.
Veneno.
Catapulta de rezos.
Oraciones mudas.
Gana espacio la mente,
granos de arroz.
Junta fortuna por las noches.
Vomito ese jugo sagrado, rojizo.
Vuelvo a nacer en el líquido.
Devuelvo al mundo su esencia:
el sentido de la Luna,
la ausencia de La Estrella,
las nubes eléctricas.
Azul infinito.
Etéreo

Salvo tu alma en la memoria.
Saco abrazos del bolsillo y los perfumo.
Vuelo a lo saltos,
por las calles donde te amé.
Risa oculta en el agua.
Agua de pena.
Ojo con lunar.
Lluvia de sonrisas,
sopa de invierno,
tarde de perdón.
¿Aguanto respirar?
¿Muero de miedo a tus pies?
Terror de los días,
de los siguientes malditos.
¿Miro si me ven?
¿Busco si me buscan?
¿Corro si me echan?.
No le temo a mis venas.
¿Me arrodillo, majestad? 
¡Quiere más!
Siempre,
siempre más.
Le doy mis huesos,
le dejo toda mi sangre derramada en su olvido,
en su risa enlatada.
Perversa.

Me duele la boca.
Lluvia y hojas.
Viento y polvo.
¡Pasado!.
Sueño con miel,
con perros,
con los niños del ayer.
Con los besos de los niños que saltan
y corren
y juegan a ser grandes.

Ilusiones diurnas,
los árboles de tu jardín
y el amor de tus manos,
el amor de mis pies.
Piruetas peligrosas.
Cuerda floja.
¡Equilibrio no!
Juego al limbo con la verdad.
Pateo la vara,
mis pulmones se llenan.
Humo.
¡Libertad!.
Mi cuerpo se desliza
y se escapa.
Desaparece de mi vista.
Soy máquina,
nada más.
Traicionera nostalgia
me dejás tirada en un rincón de la calle,
durmiendo con tus muertos.

Mis tuercas extrañan,
mis engranajes,
mis sierras te odian.
Pétalo amarillo,
mis poemas te devoran.
Mis piernas necesitan,
infinitas.

Y recorro Buenos Aires.
Recorro las luces disparadas,
con los autos
y la gente.
Voces.
Ojos.
Motores y cables.
La velocidad inexorable de las horas.
Y corren.
Y yo corro.
Corro como loca a lo largo y ancho de la Montaña Rusa del Libertador.
Y tengo miedo.
Y siento vértigo.
Y quizás soy feliz
porque el corazón me explota en el pecho,
humedeciéndome la ropa…

Y al final de la calle
tu sombra plateada.
Sombra
que es imagen
Tu sombra
inmune a mis dardos.
Tu sombra plateada
que es todo lo que tengo…

Musiquita mía,
clavecita de Sol…
Tal vez sea tarde
para estrellas
tal vez la tierra clave mis pies.
Tal vez sea hora de volver,
de regresar a casa.
Tal vez vuelva la hora de verte ir.

Diciembre 19, 2007