Dame cualquier razón para renunciar.
Miles de flores han muerto, lo sé, las he visto.
¿Cómo terminar cada noche planchando la oreja tranquilamente sin oir a esas voces que dicen que no es posible?, -entre declaraciones menos amables-.
Ya sé, todo se vuelve una etiqueta.
Qué difícil es ser lo que somos sin tratar en el camino con esos vendedores desalmados, cangrejos de color marrón.
Sin pensar por un momento cada día, en que lo que hacemos sea un juego de maquetas.
¿Cuál es el límite?, ¿cuál frontera?
Mirá las palabras que uso, no se puede ser más predecible.
Yo sé,
yo pienso
yo siento
yo soy
tan sólo lo que hago.
Te esperé, en una terminal llena de personas. Dios sabe qué era lo que hacían.
"Dios sabe", vos sabés, es sólo una expresión.
Al lado había un mercado precioso
y horrible,
todas las posibilidades y preligros se encontraban ahí -es sabido-, para hacer y padecer.
La cal de arena, el 0 infinito.
Todo podîa ocurrir, como siempre, y ya lo sabías, yo ahí te esperé.