lunes, 29 de julio de 2013

Hay palabras que no encajan en mi boca y se parten como el yeso.
Me pinto la cara con el polvo que desprenden los pedazos y salto a una trinchera.

A través de tus ventanas los aviones entran y salen,
las personas ríen y lloran,
los pájaros nacen y mueren.
Mi lengua es un desierto blanco.

Hay palabras que se caen de mi boca:
Desaparecer. El Miedo.
El mundo fue y será. Contemptus mundi. Carajo. Porquerías.



sábado, 27 de julio de 2013

Si el invierno me permite sacarle una flor.
Si la bruma que sale de mi boca a esta hora se posterga, apostaría ganarte la hoja olvidada que el otoño le dejó a este julio.
Arrimaría mi cara triste a tu oreja.
Te llevaría en mis alas últimas, otra vez.

jueves, 18 de julio de 2013

"Vos sos todos", le dijo cuando se avalanzó sobre él derrumbándolo sobre el piso de la sala.
El grito se volcó como un balde de escombros.

"O te cojo o te mato".

jueves, 11 de julio de 2013

I

Atento. Se escondió abajo de un banco de la lluvia.
¿La ves?. Está asustada, sacó las escamas a relucir a través de la chispa de una gota.
Si no te movés no hace nada, nos quedamos así hasta que se vaya por donde vino.

Para la espera, el tic tac de la tormenta muerta sobre una rama.
Para el miedo, una mano en el hombro.
Para el tiempo, la espera.

Oímos la canción babosa del barro en la ribera, desde nuestros pies al horizonte se extiende una pincelada delgada en el suelo. El pasto se revuelve y del río se desprende una suerte de hipo grave. Podría ser el momento.

Miramos al cielo, se está abriendo el sol.
Volvemos a casa.


II

Se entierra en cualquier herida y da comienzo al proceso. ¿Cómo detener a esa víbora multicolor que taladra en espiral la carne?

Mirá todas estas fotos sin pestañar, sin respirar.
Quedate ciego.
Hablale al mundo sin voz.
Hacete mudo. Quedate solo.
Mudate a una vidriera. Mostrame una pierna. Jugá algún truco de amor.

La víbora se hunde hasta llegar a la matriz y enciende una luz equivalente a la explosión de quinientos fuegos artificiales. Los lugareños interpretan esta ilusión como una manifestación del alma.
Se emocionan inmutablemente.
Duermen mansos bajo llave en los ranchos apilados.




lunes, 8 de julio de 2013

Difícil tarea la de bordear las mañanas.
El rayo de sol que perfora la persiana regala la danza del polvillo frente a mi cara.
Me reciben así, cientos de partículas cálidas flotándome el pelo y la nariz.
Sacudo la frazada y las miro. Se mueven en espiral, en columnas, en filas bailarinas.
Enérgicas pero lentas. Volátiles, celosas.

Todo el cuarto queda inmóvil ante el espectáculo matinal, sólo el tubo de luz es quien descubre y atrapa la atención del espacio, quien abre la puerta del reloj dominándolo; como la presión de un dedo amarillo hundiéndose en la carne blanda.

Cuidado con las mañanas. Con el amable gesto de abrir los ojos otra vez.
Cuidado, hermano, con el árbol infinito de otoño que es el recuerdo.

Afuera está el cemento trazando cruzadas frías.
Esperando.