miércoles, 11 de diciembre de 2013

Tarde en Congreso y el final.
¿Cuántos trenes pasan ahora bajo mis pies?
¿Cuánto tardaría en pudrirse toda mi carne?

Toda la representación de la pena,
toda la parafarnalia del amor ahogándose en un tinto inútil.
(Ni tus infiernos son palacios).

"Rey de tontos y de nada, muere ya".
La lágrima interrumpida en un eructo no se parece a la poesía.
Glup, glup, glup.

Pero los favores concedidos de a monedas son un premio fácil.
(Adorar a un diablo mutilado siempre significa perder).

Ni tus vueltos son atajos.
Es de noche en Microcentro y no queda más que hambre cruel.

Qué ingenuamente malvados los días de hoy.

sábado, 30 de noviembre de 2013

(Collage)

La tarde empezaba a callar despacio. La palabrería inútil de las aves había terminado.

Vi como los últimos rayos de sol se abrían paso a través de las ramas más altas de mi jardín e intenté -sin absoluto éxito- machetear las hojas más cercanas.
Quería empaparme de ese abrazo amarillo una vez más.
Naturalmente, el ciclo de las horas me despertó de mi empresa imposible.
Sentía como el rocío entraba poco a poco en la madeja sucia de mi pelo y como el barro bajo mis pies se enfriaba.

La helada sobre el suelo ya era un hecho de escarcha blanca. Verde. Negra.
Tomé entonces a la luna entre mis manos y disparé al aire.
Le di el tiro de gracia al día y tomé la retirada.
Las estrellas ahora serían un infierno programado para esperar al próximo despunte y, sentada con la tranquilidad con la que podría sentarse quien viaja en un vagón lleno de muertos, se me escaparon dos balas más.
Una pregunta y una declaración:

Pregunta:

Quiénes son los que se detienen para escuchar el eco que deja el que se va.
Quiénes detienen la marcha, la letra y las manos para atrapar y guardar la voz fugitiva.
Voz que grita y cesa, como cuando el día de pronto es noche y su mirada se hace final.

Quienes asisten al último rumor del tiempo y sus devenires
Quienes saben vivir como quien transita un puerto
Que levanten la mano.

Declaración:

Hay palabras que no encajan en mi boca y se parten como el yeso.
Me pinto la cara con el polvo que desprenden los pedazos y salto a una trinchera.

A través de tus ventanas los aviones entran y salen,
las personas ríen y lloran,
los pájaros nacen y mueren.
Mi lengua es un desierto blanco.

Hay palabras que se caen de mi boca:
Desaparecer. El Miedo.

El mundo fue y será. Contemptus mundi. Carajo. Porquerías.

lunes, 23 de septiembre de 2013

Cada vez que salgo de ese túnel, el nudo de un grito me arranca y me trae de nuevo.
La habitación retorna cuando entra la luz y cuando desde las ramas altas el invierno exprime las últimas gotas de su jugo sobre mi ventana.
Cae entonces sobre mí el almíbar lento de la mañana.
Todo vuelve a empezar.
Yo caigo al vacío
otra vez.

jueves, 5 de septiembre de 2013

Quedate tranquilo que la cara todavía no hace falta tajearla.
Armamos la noche como un paquete de niebla y hasta donde yo sé el barcito nos arrima una vuelta de rosca más.
No te despiertes, no hay que decir nada. Afuera un farol rojo alumbra las caras de un par de pibas fascinadas con lo que venga.
Nosotros caminamos tranquilos. El empedrado de Defensa nos deja, a los tumbos, en el Mercado de las Pulgas.

jueves, 15 de agosto de 2013

(Fragmento)

-          Mirá qué linda estás. Los días no se tienen que arrugar así, a las cachetadas. Al tiempo hay que ahorrarlo, está bien, pero si no se usa se vence y si se vence se tira.
(Un pájaro se posa en la cornisa de un puente en donde dos mujeres están hablando. Come del suelo alguna porquería de pan y cal. Abajo a lo lejos las vías se extienden. Hay mucho sol porque es enero).

 -          Vení, dame un abrazo.
 -          No me toques.
 -          ¿Vas a volver a casa?
 -          No.
 -          ¿No me vas a hablar de nada?

(En los andenes la gente espera, mendiga, fuma. Sube hasta el puente un murmullo de gallinas roncas o bochinches de payasos tristes).

 -          A vos te encanta hablar. Todo el día estás mirando y hablando pero no entendés nada. Pensás muy poco.
 -          Hay cosas que no se piensan. Hay cosas que solamente las tenés que sentir. A veces solamente sintiendo uno se da cuenta de todo. De lo que tiene que hacer. Como cuándo tenés que quedarte o irte. Igual que te debe estar pasando a vos acá ahora, pero te entretenés pensando. Una persona que ama tanto como decís vos que amás, no piensa demasiado. Al amor no lo podés alimentar de pensamientos.
 -          Todo se piensa, lo que se siente también. Vos no sabés pensar y tampoco sabés sentir. Ponés al amor en un pedestal que no necesita. Te la pasás cacareando sobre lo que el amor te pide y no sobre lo que te puede dar. Yo al amor no lo respeto. Yo lo vivo, lo río, ahora lo sangro. No importa cuántas veces o cuánto tiempo. Que venga y que se vaya cuando quiera. Yo estoy acá, sentada en el puentecito. Todo bien.

(Abajo, en uno de los bancos del andén, una pareja se besa se ríe se calla se llora).

 -          Y vos también hablás: “yo al amor no lo respeto”, “que venga y que se vaya”. Si sos tan libre levantate, bajá del puente, volvé a tu casa. Pero mirá qué linda que estás, los días no son para pasarlos así.

(La pareja se levanta del banco. Hace ademanes con las manos. Gritan. Pelean. Callan. Vuelven a sentarse. Se manosean en el banco del andén).

 -          Los días son para pasarlos como quiero. Cuando lleguemos al final, al final de todo, de tus días arrugados, del andén ahí abajo, del amor sangrando desde el puentecito este de mierda, lo único que vamos a encontrar es a nosotros. Nosotros mismos, ahí, mirándonos, diciéndonos “¿viste, pelotudo? Estás vos acá, nada más”.
Vos te preguntás por qué yo malgasto horas con pedestales imposibles acá arriba. Pedestales de cartón, casi iguales a los tuyos. Pareciera que no me conocés. Te pasaste todos estos días, sentada al lado mío, hinchándome las pelotas para que me olvide, para que no llore, para que me pare y me vaya y todavía no podés entender que todo es parte de la misma conducta. Que viene a ser lo mismo pasarla acá arriba con una botella, chorreando sangre, que tirarse cuando pase el tren. ¿Lo ves al borde? Es finito ¿no te tienta a vos también?. O que es lo mismo estar del otro lado, ahí abajo, metiéndote un plan de vida por el culo y aprender a gozarlo todos los días, que tirarte lo mismo pero desde el andén. ¿Viste que es casi igual? Abajo de todo siempre están las vías. Y uno elige, como el pajarito este comiendo esa mierda. El saldo de elecciones entre nosotros -acá arriba o allá abajo- y el pajarito se resume en las capacidades de cada uno: si el pajarito nota que es mierda lo que come y no lo quiere, levanta el pico y se va volando. Si nosotros –acá arriba o allá abajo- nos hartamos de sangrar el amor en el puente o de sangrar el culo en el andén, si creemos que después de todo alguna cosa podría hacer la diferencia, entonces pensamos.
 -          ¿Y cuando pensamos?
 -          Cuando pensamos están las vías.
 -          ¿Pero las vías y todo lo demás al final no era lo mismo?
 -          Te estás volviendo perspicaz. Sí, una cagada ¿no?

(En el andén, la pareja está riendo a los llantos. Progresivamente, el sonido de la bocina se hace más cercano. De a poco, los payasos tristes se acercan al borde. Practican una coreografía de muecas y piruetas y se arrojan debajo de las ruedas del tren que comenzaba a arribar a la estación. Desde arriba se ve un enchastre de carne roja y el polvo de los huesos sube en forma de plumas).

 -          ¿Y ahora? ¿Pensaron todos en las vías entonces?
-          No. Estos pensaron que eran pajaritos, parece. Ya está, vámonos. Si yo ahora hago lo mismo vos no me vas a tomar en serio y además tengo el culo planchado en este puente desde hace días.

lunes, 29 de julio de 2013

Hay palabras que no encajan en mi boca y se parten como el yeso.
Me pinto la cara con el polvo que desprenden los pedazos y salto a una trinchera.

A través de tus ventanas los aviones entran y salen,
las personas ríen y lloran,
los pájaros nacen y mueren.
Mi lengua es un desierto blanco.

Hay palabras que se caen de mi boca:
Desaparecer. El Miedo.
El mundo fue y será. Contemptus mundi. Carajo. Porquerías.



sábado, 27 de julio de 2013

Si el invierno me permite sacarle una flor.
Si la bruma que sale de mi boca a esta hora se posterga, apostaría ganarte la hoja olvidada que el otoño le dejó a este julio.
Arrimaría mi cara triste a tu oreja.
Te llevaría en mis alas últimas, otra vez.

jueves, 18 de julio de 2013

"Vos sos todos", le dijo cuando se avalanzó sobre él derrumbándolo sobre el piso de la sala.
El grito se volcó como un balde de escombros.

"O te cojo o te mato".

jueves, 11 de julio de 2013

I

Atento. Se escondió abajo de un banco de la lluvia.
¿La ves?. Está asustada, sacó las escamas a relucir a través de la chispa de una gota.
Si no te movés no hace nada, nos quedamos así hasta que se vaya por donde vino.

Para la espera, el tic tac de la tormenta muerta sobre una rama.
Para el miedo, una mano en el hombro.
Para el tiempo, la espera.

Oímos la canción babosa del barro en la ribera, desde nuestros pies al horizonte se extiende una pincelada delgada en el suelo. El pasto se revuelve y del río se desprende una suerte de hipo grave. Podría ser el momento.

Miramos al cielo, se está abriendo el sol.
Volvemos a casa.


II

Se entierra en cualquier herida y da comienzo al proceso. ¿Cómo detener a esa víbora multicolor que taladra en espiral la carne?

Mirá todas estas fotos sin pestañar, sin respirar.
Quedate ciego.
Hablale al mundo sin voz.
Hacete mudo. Quedate solo.
Mudate a una vidriera. Mostrame una pierna. Jugá algún truco de amor.

La víbora se hunde hasta llegar a la matriz y enciende una luz equivalente a la explosión de quinientos fuegos artificiales. Los lugareños interpretan esta ilusión como una manifestación del alma.
Se emocionan inmutablemente.
Duermen mansos bajo llave en los ranchos apilados.




lunes, 8 de julio de 2013

Difícil tarea la de bordear las mañanas.
El rayo de sol que perfora la persiana regala la danza del polvillo frente a mi cara.
Me reciben así, cientos de partículas cálidas flotándome el pelo y la nariz.
Sacudo la frazada y las miro. Se mueven en espiral, en columnas, en filas bailarinas.
Enérgicas pero lentas. Volátiles, celosas.

Todo el cuarto queda inmóvil ante el espectáculo matinal, sólo el tubo de luz es quien descubre y atrapa la atención del espacio, quien abre la puerta del reloj dominándolo; como la presión de un dedo amarillo hundiéndose en la carne blanda.

Cuidado con las mañanas. Con el amable gesto de abrir los ojos otra vez.
Cuidado, hermano, con el árbol infinito de otoño que es el recuerdo.

Afuera está el cemento trazando cruzadas frías.
Esperando.

sábado, 29 de junio de 2013

I

Las chicas bailan en el cuarto oscuro.
Me hablaste de un pasaporte del ruido y la campana sonó.

"No más tragos", sentenciaron hombres enormes enfundados en cuero negro.

Son pesados los adoquines de Adrogué, en especial cuando la humedad los embebe en continuo signo del frío y te rompen la cara.

La luna se recorta noche a noche.
Vos te vas.


II

Hasta dónde llegó el invierno, yo no sé.
Al final del día mastico la cáscara de un calendario mojado.

Ataca la city con mil cañones anaranjados.
Suben las nubes en Plaza de los Congresos.

Vos no estás.

lunes, 3 de junio de 2013

El café está en tormenta.
Afuera, la copa del árbol es ruido seco y alba.

La bossa me abriga un pucho
y un fuego tímido.

Cuidá la flor, es el único origen que nos queda.

jueves, 4 de abril de 2013

HAIKU II

1
Suena un bombo.
El parche ahogado
salva la lluvia.

2
Gaucho payador,
suelta de a pedazos
delirios de sol.

3
La luna muere,
solloza una pared.
Alba y vino.
HAIKU I

Se fue rápido

dejó olvido de flor.

Volvió otoñal.

jueves, 14 de marzo de 2013

Quiénes son los que se detienen para escuchar el eco que deja el que se va.
Quiénes detienen la marcha, la letra y las manos para atrapar y guardar la voz fugitiva.
Voz que grita y cesa, como cuando el día de pronto es noche y su mirada se hace final.

Quienes asisten al último rumor del tiempo y sus devenires.
Quienes saben vivir como quien transita un puerto, que levanten la mano.

sábado, 23 de febrero de 2013

Cruzan aviones de agua el cielo raso de mi cuarto.

Cae en suspiro de algodón sobre la alfombra, un soldadito de plomo.

Se acerca a mí deshojando lentamente el lenguaje blanco que revuelve mis palabras.
La diferencia, ave, está en las elecciones sentenciosas.

Me dirás ahora, entonces, ¿qué planeas ser?:
¿Pluma o pico?
Salta, gato.
Caza al roedor.

Mastica la carne.
Bébele el fin.

Salta, gato.
Despierta a la noche.

Sálvala del sol.
Sácale el silencio.

Hazla estrella.
Hazla vida.
Dicho sea de paso, teniendo en cuenta todos los devenires del tiempo, el sol calcina mis huesos y los vuelve arena.

Dicho sea de paso, dándole carrera al día de hoy que a cada vez vuelve en mañana, fragancias de uva abrazan la tierra húmeda que son mis pies.

Dicho sea de paso y no contenido en la risa, mi voz se suelta para empujar tus velas.

Y de paso vamos yendo.
Y de paso siempre vamos.
Que aparezcas desde cualquier lado.
Tu sonrisa redonda.
Mi luna clara.

Las maquetas de los lugares felices.
A Lisandro (y Julieta)

Como saber que ese charco devuelve un reflejo de cara gris, de cara lluvia.
Como contemplar la flor trémula del viento,
los días pasan lejos tuyo.

Un pájaro se asoma por las terrazas y no quiere volar.

lunes, 4 de febrero de 2013

No sé de números, de historia, de ciertas palabras.
No comprendo la lógica de algunos movimientos, de algunos gestos, fracciones de sueños.

No acepto la ausencia, el desgano, la angustia del vacío en la estación de tren.

Más allá del vapor y el gris, conozco la inmediatez.
Entiendo a la luna.
Abrazo la noche.

miércoles, 30 de enero de 2013

Quizás me vuelva sol y viento.
Tierra y flor.

Mañana será hora árbol,
hora hormiga, hora mistol.

Se secará mi piedra paso, 
la tarde río.

Quizás, al momento de la luna,
la luciérnaga me arrope en estrella y la estrella me bañe en azul.

Y como siempre, el mundo volverá a abrirse al alba.
Nada mejor que casa, siempre.

miércoles, 23 de enero de 2013

A Luis Alberto Spinetta.

Pájaro de viento, saca mis zapatos.
Fruta fresca, alimenta mi cuerpo.
Poeta infinito, abre mi ventana
trae el sol. Arrima los árboles. Desarma los umbrales.
Poeta, mi jardín es triste.
Mi camino es tarde.

Toca las notas que son suyas y amanece en las estrellas.
Hombre de barro. De saliva. De luz.
Toca las notas, me vuelvo canción.

lunes, 21 de enero de 2013

No existe para la memoria un tren de vías claras.

No habrá imagen congelada o momento literal.
No podré separar tarde corta, noche larga.

Tu ausencia desde acá hará un esfuerzo por mezclar lugares, borracheras, cigarrillos encendidos y apagados en un rincón de sopor ceniciento y charlatán.

De vos me queda una hojita cortada, un vino en la calle, toda la poesía.
No hay remedio para los colores vivos que empujan desde mi cuerpo.

Sólo un encuentro alegre, un beso de niño en mi puerta, un cuarto de hotel de Buenos Aires.

jueves, 17 de enero de 2013

¿Por qué llama y pide insistente el gato negro?
¿Será que son muerte sus ojos de noche?
¿Será que quiere irse sinuoso, incompleto a la altura de las copas?
¿O es que busca pasearse por la cornisa desde donde el mofo perro lo ve y ladra sin decir?

Un trofeo de la luna, no quisiera ser yo.
Pero cuando se incendia el cielo,
y nos ataja la mañana al resguardo desinteresado
- vuelto de hojas secas y vereda-,
es el rato del todo por el todo,
el sol se inclina a los pies del perro que sueña en arroz.

Es a esa hora cuando las risas ríen más.

miércoles, 16 de enero de 2013

Deslizarse. Atravezar el tiempo.
Y no decidir sobre ser luz o desfallecer.

No me quedan más que unos versos cortos
y un enjambre de horas tarde.
Cuando la gota cesa,
el ojo se cierra,
la puerta se abre,
la memoria va.

Una hoja amarilla cae obtusa sobre la vereda.
Es Diciembre acá, donde la Cruz del Sur.

En la piel viven marcas que borra el calendario
y el adorno puntilloso que es el recuerdo.

Un niño coreano corre desesperado a los relámpagos.
(La lluvia nos confunde a todos).

El pajarito tuerto se equivocó de nido otra vez.