Tengo que tener cuidado antes de que te lleves todo.
Tengo que tener cuidado, porque los nombres de las cosas se me contaminan.
Se está yendo la vieja plaza con su estación, se me va lo púrpura de las botellas por el desagüe.
Tengo que tener cuidado antes de que me borres de un plumazo los rostros de las palabras. Antes de que dibujes el tonto bigote sobre las narices de la calle donde vivo, de los bares donde duermo, de la música que escucho.
Debería cuidar un poco más el round que abandono mientras las estaciones bailan valsecitos tibios y zambas muertas arriba de los árboles.
Y es que el corazón te lo regalo, pero hay detalles sin concesión:
la poesía,
el color amarillo,
el mar con sus peces.
Esos no. No me los saques, no me los manches, no me los nombren tu boca y sus fantasmas nunca más.