jueves, 15 de agosto de 2013

(Fragmento)

-          Mirá qué linda estás. Los días no se tienen que arrugar así, a las cachetadas. Al tiempo hay que ahorrarlo, está bien, pero si no se usa se vence y si se vence se tira.
(Un pájaro se posa en la cornisa de un puente en donde dos mujeres están hablando. Come del suelo alguna porquería de pan y cal. Abajo a lo lejos las vías se extienden. Hay mucho sol porque es enero).

 -          Vení, dame un abrazo.
 -          No me toques.
 -          ¿Vas a volver a casa?
 -          No.
 -          ¿No me vas a hablar de nada?

(En los andenes la gente espera, mendiga, fuma. Sube hasta el puente un murmullo de gallinas roncas o bochinches de payasos tristes).

 -          A vos te encanta hablar. Todo el día estás mirando y hablando pero no entendés nada. Pensás muy poco.
 -          Hay cosas que no se piensan. Hay cosas que solamente las tenés que sentir. A veces solamente sintiendo uno se da cuenta de todo. De lo que tiene que hacer. Como cuándo tenés que quedarte o irte. Igual que te debe estar pasando a vos acá ahora, pero te entretenés pensando. Una persona que ama tanto como decís vos que amás, no piensa demasiado. Al amor no lo podés alimentar de pensamientos.
 -          Todo se piensa, lo que se siente también. Vos no sabés pensar y tampoco sabés sentir. Ponés al amor en un pedestal que no necesita. Te la pasás cacareando sobre lo que el amor te pide y no sobre lo que te puede dar. Yo al amor no lo respeto. Yo lo vivo, lo río, ahora lo sangro. No importa cuántas veces o cuánto tiempo. Que venga y que se vaya cuando quiera. Yo estoy acá, sentada en el puentecito. Todo bien.

(Abajo, en uno de los bancos del andén, una pareja se besa se ríe se calla se llora).

 -          Y vos también hablás: “yo al amor no lo respeto”, “que venga y que se vaya”. Si sos tan libre levantate, bajá del puente, volvé a tu casa. Pero mirá qué linda que estás, los días no son para pasarlos así.

(La pareja se levanta del banco. Hace ademanes con las manos. Gritan. Pelean. Callan. Vuelven a sentarse. Se manosean en el banco del andén).

 -          Los días son para pasarlos como quiero. Cuando lleguemos al final, al final de todo, de tus días arrugados, del andén ahí abajo, del amor sangrando desde el puentecito este de mierda, lo único que vamos a encontrar es a nosotros. Nosotros mismos, ahí, mirándonos, diciéndonos “¿viste, pelotudo? Estás vos acá, nada más”.
Vos te preguntás por qué yo malgasto horas con pedestales imposibles acá arriba. Pedestales de cartón, casi iguales a los tuyos. Pareciera que no me conocés. Te pasaste todos estos días, sentada al lado mío, hinchándome las pelotas para que me olvide, para que no llore, para que me pare y me vaya y todavía no podés entender que todo es parte de la misma conducta. Que viene a ser lo mismo pasarla acá arriba con una botella, chorreando sangre, que tirarse cuando pase el tren. ¿Lo ves al borde? Es finito ¿no te tienta a vos también?. O que es lo mismo estar del otro lado, ahí abajo, metiéndote un plan de vida por el culo y aprender a gozarlo todos los días, que tirarte lo mismo pero desde el andén. ¿Viste que es casi igual? Abajo de todo siempre están las vías. Y uno elige, como el pajarito este comiendo esa mierda. El saldo de elecciones entre nosotros -acá arriba o allá abajo- y el pajarito se resume en las capacidades de cada uno: si el pajarito nota que es mierda lo que come y no lo quiere, levanta el pico y se va volando. Si nosotros –acá arriba o allá abajo- nos hartamos de sangrar el amor en el puente o de sangrar el culo en el andén, si creemos que después de todo alguna cosa podría hacer la diferencia, entonces pensamos.
 -          ¿Y cuando pensamos?
 -          Cuando pensamos están las vías.
 -          ¿Pero las vías y todo lo demás al final no era lo mismo?
 -          Te estás volviendo perspicaz. Sí, una cagada ¿no?

(En el andén, la pareja está riendo a los llantos. Progresivamente, el sonido de la bocina se hace más cercano. De a poco, los payasos tristes se acercan al borde. Practican una coreografía de muecas y piruetas y se arrojan debajo de las ruedas del tren que comenzaba a arribar a la estación. Desde arriba se ve un enchastre de carne roja y el polvo de los huesos sube en forma de plumas).

 -          ¿Y ahora? ¿Pensaron todos en las vías entonces?
-          No. Estos pensaron que eran pajaritos, parece. Ya está, vámonos. Si yo ahora hago lo mismo vos no me vas a tomar en serio y además tengo el culo planchado en este puente desde hace días.