Antes de salir voy a abrir bien la boca.
Voy a gritar hasta que se me salgan todos los silencios.
Voy a ir hasta a tu casa a devolverte la tormenta que me diste, con los rayos y los truenos puestos.
Voy a ir a pie.
Después y de regreso al barrio, con un pájaro chiquitito en las manos, perfumaré las veredas de mi cuadra con un color distinto cada vez.
La lluvia se habrá ido, estará guardada en tus tierras.
Será todo fosforescente alrededor, verde y mojado y caído de las ramas.
El caos hermoso de cada final y de cada origen.
Iré a la estación del tren.
Saludaré a los amigos, comentaré nimiedades alegremente.
Ensayaré -y me saldrá bien- la sonrisa de todos los días.
Empezará de nuevo la jornada.
La misma de ayer, del invierno pasado, de las mañanas en tu almohada, de los años anteriores.
Y cuando todo esté listo para quemar las horas hasta el día siguiente, sin necesidad de mayores antesalas ni reverencias
dejaré una bomba en la plaza de la esquina.
Se acabará el recuerdo doble de vos cantándome a mí, de mí cantándole a Quién.
El deja vú lastimoso de otros veranos distintos (iguales).
Infantilmente efectivo.
Efectivamente infantil.
Porque está bien que así sea.
¡PUM!
Los vecinos tendrán algo que contar por la tarde
-"buen día"-.
Adiós al simbolismo.
Hola mundo real.
Tangible, decoroso, vulgar.
jueves, 30 de octubre de 2014
martes, 23 de septiembre de 2014
Tengo que tener cuidado antes de que te lleves todo.
Tengo que tener cuidado, porque los nombres de las cosas se me contaminan.
Se está yendo la vieja plaza con su estación, se me va lo púrpura de las botellas por el desagüe.
Tengo que tener cuidado antes de que me borres de un plumazo los rostros de las palabras. Antes de que dibujes el tonto bigote sobre las narices de la calle donde vivo, de los bares donde duermo, de la música que escucho.
Debería cuidar un poco más el round que abandono mientras las estaciones bailan valsecitos tibios y zambas muertas arriba de los árboles.
Y es que el corazón te lo regalo, pero hay detalles sin concesión:
la poesía,
el color amarillo,
el mar con sus peces.
Esos no. No me los saques, no me los manches, no me los nombren tu boca y sus fantasmas nunca más.
Tengo que tener cuidado, porque los nombres de las cosas se me contaminan.
Se está yendo la vieja plaza con su estación, se me va lo púrpura de las botellas por el desagüe.
Tengo que tener cuidado antes de que me borres de un plumazo los rostros de las palabras. Antes de que dibujes el tonto bigote sobre las narices de la calle donde vivo, de los bares donde duermo, de la música que escucho.
Debería cuidar un poco más el round que abandono mientras las estaciones bailan valsecitos tibios y zambas muertas arriba de los árboles.
Y es que el corazón te lo regalo, pero hay detalles sin concesión:
la poesía,
el color amarillo,
el mar con sus peces.
Esos no. No me los saques, no me los manches, no me los nombren tu boca y sus fantasmas nunca más.
miércoles, 30 de julio de 2014
lunes, 7 de julio de 2014
domingo, 27 de abril de 2014
De esta boca salen muchas veces palabras que no deseo disparar.
Trabajo duro las privaciones. Pienso en ayer, en hoy y mañana y entonces el reloj se hace trabalenguas.
De estas manos largas a veces se me escapan tintas desafortunadas y vidrios rotos lastiman mis dedos siempre dispuestos a sangrar.
De este corazón torpe se han desatado contratiempos de sístole y diástole inoportunos.
Así es como ayer-hoy-mañana tornan en sal ardiente escurriéndose en las heridas.
Forman un trayecto irregular, proyectan figuras epifánicas: un cigarro mojado, el otoño en Turdera, las florcitas secas en los cajones.
Todo eso es el recuerdo. Y el recuerdo lentamente construye los cientos de pasos que daré después.
Quizás en tierras lejanas de este Buenos Aires helado, de este sur del mundo, de tu sonrisa borroneada en la mañana.
Por eso es importante la historia, por eso importa tanto tu sonrisa y el trabajo inútil de remarcarla -con mis manos torpes, con mi corazón largo-, en esta postal que haré recuerdo después.
Trabajo duro las privaciones. Pienso en ayer, en hoy y mañana y entonces el reloj se hace trabalenguas.
De estas manos largas a veces se me escapan tintas desafortunadas y vidrios rotos lastiman mis dedos siempre dispuestos a sangrar.
De este corazón torpe se han desatado contratiempos de sístole y diástole inoportunos.
Así es como ayer-hoy-mañana tornan en sal ardiente escurriéndose en las heridas.
Forman un trayecto irregular, proyectan figuras epifánicas: un cigarro mojado, el otoño en Turdera, las florcitas secas en los cajones.
Todo eso es el recuerdo. Y el recuerdo lentamente construye los cientos de pasos que daré después.
Quizás en tierras lejanas de este Buenos Aires helado, de este sur del mundo, de tu sonrisa borroneada en la mañana.
Por eso es importante la historia, por eso importa tanto tu sonrisa y el trabajo inútil de remarcarla -con mis manos torpes, con mi corazón largo-, en esta postal que haré recuerdo después.
jueves, 6 de marzo de 2014
Apaguen esa radio de mierda.
No puedo acordarme bien cuándo fue la última vez que dormí. Adentro tengo un cascote pesado quemándome las piernas y los ojos.
Estudios recientes de la Universidad de Columbia de los Estados Unidos aseguran que una botella de vodka al día hace bien al funcionamiento del corazón/ Los mercaderes más exitosos de los países más sociópatas del mundo lanzan un nuevo producto en telefonía infeliz.
¡Apaguen por favor esa mierda!
No sé cómo llegar a mi casa y, cada vez que te veo estando yo en esta situación, tus ojitos de roedor me dicen que ya no habita una luna llena en mi almohada, que tus manos curalotodo se derriten como cera en la candela del tiempo.
(Cada vez que aparecés no estás, el universo es entonces un pañuelo vil).
Y yo estoy anclada acá, con los pelos enredados en una rama húmeda, sin poder moverme demasiado. Atajando el sopapo sonriendo fuerte, con los dientes derechitos y los cordones bien atados.
(¡Apáguenla!)
Un grupo de científicos holandeses cruzan sandías carnívoras con manzanas/ Estadistas aseguran que cada tres casas brota una farmacia.
Te vi parado al lado de un árbol grande que no se parecía a vos en lo más mínimo.
(Seguro que eso te molestó un poco).
Tenías toda la boca llena de plumas.
(Te extraño desmesuradamente).
Me recuesto en el pasto mojado, la radio ahora canta una canción horrenda.
"Apaguen esa radio de mierda", digo -creo que lo digo- cuando veo mi mano sangrar.
(Reluciente y colorada y ajena y resplandeciente).
"Me sangra la mano", me digo -creo que me digo-.
"Me sangra la mano, pero calma: no es la mano con la que escribís".
No puedo acordarme bien cuándo fue la última vez que dormí. Adentro tengo un cascote pesado quemándome las piernas y los ojos.
Estudios recientes de la Universidad de Columbia de los Estados Unidos aseguran que una botella de vodka al día hace bien al funcionamiento del corazón/ Los mercaderes más exitosos de los países más sociópatas del mundo lanzan un nuevo producto en telefonía infeliz.
¡Apaguen por favor esa mierda!
No sé cómo llegar a mi casa y, cada vez que te veo estando yo en esta situación, tus ojitos de roedor me dicen que ya no habita una luna llena en mi almohada, que tus manos curalotodo se derriten como cera en la candela del tiempo.
(Cada vez que aparecés no estás, el universo es entonces un pañuelo vil).
Y yo estoy anclada acá, con los pelos enredados en una rama húmeda, sin poder moverme demasiado. Atajando el sopapo sonriendo fuerte, con los dientes derechitos y los cordones bien atados.
(¡Apáguenla!)
Un grupo de científicos holandeses cruzan sandías carnívoras con manzanas/ Estadistas aseguran que cada tres casas brota una farmacia.
Te vi parado al lado de un árbol grande que no se parecía a vos en lo más mínimo.
(Seguro que eso te molestó un poco).
Tenías toda la boca llena de plumas.
(Te extraño desmesuradamente).
Me recuesto en el pasto mojado, la radio ahora canta una canción horrenda.
"Apaguen esa radio de mierda", digo -creo que lo digo- cuando veo mi mano sangrar.
(Reluciente y colorada y ajena y resplandeciente).
"Me sangra la mano", me digo -creo que me digo-.
"Me sangra la mano, pero calma: no es la mano con la que escribís".
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