martes, 5 de diciembre de 2017

Aterrizar podría ser lo más difícil.
Parar los motores,
Rozar los fondos,
Pisotearlos
Volver a subir.

Pero seguir adelante las máquinas es peor.
Porque cuando hablamos de cambiar de actitud solo estamos hablando de políticas de conducta
De empatía ensayada
De correcta resignación.

Nada es verdadero.
Seguir adelante con lo demás te representa, y ahí te quiero ver.

Porque lo difícil, como difícil, amigo mío, sería ponerle un freno a la tormenta cuando los rayos te estimulan,
Y confrontan,
Y cuestionan.

La tristeza y la desesperación.
El jaque mate.
La vergüenza
Y también la idea de lo fatal. 
Como idea solamente,
-ni en letras lo insinúes-.

Qué somos más que lo que somos cuando nos avivamos del barro que nos llega hasta el cuello
Qué sentido tiene no chapotear furiosamente en nuestra mierda

Cuando resignes a la tormenta,
Cuando los motores, sean realmente motores meritorios de un freno

Cuando encuentres otro artilugio para sentirte vivo
Será, efectivamente, un cambio de paradigma, y por supuesto, de arquetipo.

Cuando ningún pinchazo lunar me lleve a tu nombre, por ejemplo
Recién ahí
Podría yo afrontar las dificultades de ciertos comportamientos
De ciertas faltas graves
De toda necesidad oscura

Me encontraría lista para las grandes promesas del siglo
El destierro de las lágrimas
Las frutas y verduras
Los ejercicios de respiración
-free smoke, free toxic-

Finalmente, será el plato de cada día
Los oficios y los trabajos
Encontrarte, de tiempo en tiempo
Y dormir la noche entera.

Pero esa soy yo, después para ustedes, podría ser cualquier otra cosa.

lunes, 10 de abril de 2017

Te había regalado
un sombrero y una almohada.
Debía cuidarte
de no perder
la cabeza.

Ahora frente a mí
masticás tu tarta de acelgas,
reforzamos las amarras
del statu quo
que ofrece el televisor.

Como un regalo
para no perder la cabeza.
Para perder la rareza
de levar anclas
y salir
al tiempo.

"Mi amor me dice 'poisson rouge'
porque me olvido
de las cosas",
te digo.
"En el acuario de Alicia había un tiburón,
antes",
decís.

"Qué picardía", dijo el tele.

martes, 17 de enero de 2017

Dame cualquier razón para renunciar.

Miles de flores han muerto, lo sé, las he visto.
¿Cómo terminar cada noche planchando la oreja tranquilamente sin oir a esas voces que dicen que no es posible?, -entre declaraciones menos amables-.
Ya sé, todo se vuelve una etiqueta.
Qué difícil es ser lo que somos sin tratar en el camino con esos vendedores desalmados, cangrejos de color marrón.
Sin pensar por un momento cada día, en que lo que hacemos sea un juego de maquetas.
¿Cuál es el límite?, ¿cuál frontera?
Mirá las palabras que uso, no se puede ser más predecible.
Yo sé, 

yo pienso
yo siento
yo soy
tan sólo lo que hago.

Te esperé, en una terminal llena de personas. Dios sabe qué era lo que hacían.
"Dios sabe", vos sabés, es sólo una expresión.
Al lado había un mercado precioso
y horrible,

todas las posibilidades y preligros se encontraban ahí -es sabido-, para hacer y padecer.
La cal de arena, el 0 infinito.

Todo podîa ocurrir, como siempre, y ya lo sabías, yo ahí te esperé.

lunes, 14 de diciembre de 2015

Después de hacer todo lo que tenía que hacer, me dejé caer en las profundidades del mar.
Me vi azul y marina y pez.
Canté las canciones y bailé las danzas.
Pensé en el río y lloré.
Construí una casa con corales, me uní al cardumen.
Huí estoicamente de los enormes delitos de las mantarrayas y fui todo lo que esperaban: un zapato triste en el pie equivocado.
Un día dejó de sonar la risa. Y en las alacenas de la cocina se acabaron los dulces y las nueces. Y en los balcones ya no tocaron más música ni se balancearon los amigos en el viejo árbol. 
Un día no hicimos más que llorar y gritarnos, llenos de mocos y de sangre en los ojos y las manos.
Y ya no me pareció divertido el olor rancio en los dormitorios, ni creí bohemio el desorden de toda la ropa desparramada en los pisos y quise poner a los libros en  estanterías y quise cerrar las ventanas de noche para poder abrirlas en la mañana.
Un día, así nada más, archivé los cuadernos y dejé de escribir y de sonreirte.
El huracán hizo añicos la casa y yo me dormí profundamente sobre una alfombra.
Afuera, lejos, estaba la luna redonda y, calle abajo, el maullido de un gato.

lunes, 5 de octubre de 2015

sábado, 1 de agosto de 2015


Salvo el alma de los otros.
Tengo calor,
siento la fiebre,
el estruendo.
¡Tengo amor!.
Viaja manso por las venas,
agota de sangre mis ojos.
El Sol ha vuelto.
Y ha vuelto la primavera,
helada,
a sacudirme los huesos
y mojarme el oído con su aliento de flores
dulces,
eternas.
Veneno.
Catapulta de rezos.
Oraciones mudas.
Gana espacio la mente,
granos de arroz.
Junta fortuna por las noches.
Vomito ese jugo sagrado, rojizo.
Vuelvo a nacer en el líquido.
Devuelvo al mundo su esencia:
el sentido de la Luna,
la ausencia de La Estrella,
las nubes eléctricas.
Azul infinito.
Etéreo

Salvo tu alma en la memoria.
Saco abrazos del bolsillo y los perfumo.
Vuelo a lo saltos,
por las calles donde te amé.
Risa oculta en el agua.
Agua de pena.
Ojo con lunar.
Lluvia de sonrisas,
sopa de invierno,
tarde de perdón.
¿Aguanto respirar?
¿Muero de miedo a tus pies?
Terror de los días,
de los siguientes malditos.
¿Miro si me ven?
¿Busco si me buscan?
¿Corro si me echan?.
No le temo a mis venas.
¿Me arrodillo, majestad? 
¡Quiere más!
Siempre,
siempre más.
Le doy mis huesos,
le dejo toda mi sangre derramada en su olvido,
en su risa enlatada.
Perversa.

Me duele la boca.
Lluvia y hojas.
Viento y polvo.
¡Pasado!.
Sueño con miel,
con perros,
con los niños del ayer.
Con los besos de los niños que saltan
y corren
y juegan a ser grandes.

Ilusiones diurnas,
los árboles de tu jardín
y el amor de tus manos,
el amor de mis pies.
Piruetas peligrosas.
Cuerda floja.
¡Equilibrio no!
Juego al limbo con la verdad.
Pateo la vara,
mis pulmones se llenan.
Humo.
¡Libertad!.
Mi cuerpo se desliza
y se escapa.
Desaparece de mi vista.
Soy máquina,
nada más.
Traicionera nostalgia
me dejás tirada en un rincón de la calle,
durmiendo con tus muertos.

Mis tuercas extrañan,
mis engranajes,
mis sierras te odian.
Pétalo amarillo,
mis poemas te devoran.
Mis piernas necesitan,
infinitas.

Y recorro Buenos Aires.
Recorro las luces disparadas,
con los autos
y la gente.
Voces.
Ojos.
Motores y cables.
La velocidad inexorable de las horas.
Y corren.
Y yo corro.
Corro como loca a lo largo y ancho de la Montaña Rusa del Libertador.
Y tengo miedo.
Y siento vértigo.
Y quizás soy feliz
porque el corazón me explota en el pecho,
humedeciéndome la ropa…

Y al final de la calle
tu sombra plateada.
Sombra
que es imagen
Tu sombra
inmune a mis dardos.
Tu sombra plateada
que es todo lo que tengo…

Musiquita mía,
clavecita de Sol…
Tal vez sea tarde
para estrellas
tal vez la tierra clave mis pies.
Tal vez sea hora de volver,
de regresar a casa.
Tal vez vuelva la hora de verte ir.

Diciembre 19, 2007