Salvo
el alma de los otros.
Tengo
calor,
siento la fiebre,
el estruendo.
¡Tengo
amor!.
Viaja
manso por las venas,
agota de sangre mis ojos.
El
Sol ha vuelto.
Y
ha vuelto la primavera,
helada,
a
sacudirme los huesos
y mojarme el oído con su aliento de flores
dulces,
eternas.
Veneno.
Catapulta
de rezos.
Oraciones mudas.
Gana espacio la mente,
granos de arroz.
Junta fortuna por las noches.
Vomito ese jugo sagrado, rojizo.
Vuelvo
a nacer en el líquido.
Devuelvo
al mundo su esencia:
el sentido de la Luna,
la ausencia de La Estrella,
las
nubes eléctricas.
Azul
infinito.
Etéreo
Salvo
tu alma en la memoria.
Saco
abrazos del bolsillo y los perfumo.
Vuelo
a lo saltos,
por
las calles donde te amé.
Risa
oculta en el agua.
Agua
de pena.
Ojo
con lunar.
Lluvia de sonrisas,
sopa de invierno,
tarde
de perdón.
¿Aguanto
respirar?
¿Muero
de miedo a tus pies?
Terror
de los días,
de
los siguientes malditos.
¿Miro
si me ven?
¿Busco
si me buscan?
¿Corro si me echan?.
No
le temo a mis venas.
¿Me
arrodillo, majestad?
¡Quiere
más!
Siempre,
siempre
más.
Le
doy mis huesos,
le dejo toda mi sangre derramada en su olvido,
en
su risa enlatada.
Perversa.
Me
duele la boca.
Lluvia
y hojas.
Viento
y polvo.
¡Pasado!.
Sueño
con miel,
con
perros,
con
los niños del ayer.
Con
los besos de los niños que saltan
y
corren
y juegan a ser grandes.
Ilusiones diurnas,
los árboles de tu jardín
y
el amor de tus manos,
el
amor de mis pies.
Piruetas peligrosas.
Cuerda floja.
¡Equilibrio
no!
Juego
al limbo con la verdad.
Pateo la vara,
mis
pulmones se llenan.
Humo.
¡Libertad!.
Mi cuerpo se desliza
y se escapa.
Desaparece
de mi vista.
Soy
máquina,
nada
más.
Traicionera
nostalgia
me
dejás tirada en un rincón de la calle,
durmiendo con tus muertos.
Mis
tuercas extrañan,
mis
engranajes,
mis
sierras te odian.
Pétalo
amarillo,
mis poemas te devoran.
Mis piernas necesitan,
infinitas.
Y recorro
Buenos Aires.
Recorro
las luces disparadas,
con
los autos
y
la gente.
Voces.
Ojos.
Motores y cables.
La
velocidad inexorable de las horas.
Y corren.
Y
yo corro.
Corro como loca a lo largo y ancho de la Montaña
Rusa del Libertador.
Y tengo miedo.
Y siento vértigo.
Y
quizás soy feliz
porque
el corazón me explota en el pecho,
humedeciéndome la ropa…
Y
al final de la calle
tu
sombra plateada.
Sombra
que
es imagen
Tu
sombra
inmune
a mis dardos.
Tu
sombra plateada
que
es todo lo que tengo…
Musiquita
mía,
clavecita
de Sol…
Tal vez sea tarde
para estrellas
tal
vez la tierra clave mis pies.
Tal
vez sea hora de volver,
de
regresar a casa.
Tal
vez vuelva la hora de verte ir.
Diciembre 19, 2007
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