Quedate tranquilo que la cara todavía no hace falta tajearla.
Armamos la noche como un paquete de niebla y hasta donde yo sé el barcito nos arrima una vuelta de rosca más.
No te despiertes, no hay que decir nada. Afuera un farol rojo alumbra las caras de un par de pibas fascinadas con lo que venga.
Nosotros caminamos tranquilos. El empedrado de Defensa nos deja, a los tumbos, en el Mercado de las Pulgas.
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