Cada vez que salgo de ese túnel, el nudo de un grito me arranca y me trae de nuevo.
La habitación retorna cuando entra la luz y cuando desde las ramas altas el invierno exprime las últimas gotas de su jugo sobre mi ventana.
Cae entonces sobre mí el almíbar lento de la mañana.
Todo vuelve a empezar.
Yo caigo al vacío
otra vez.
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