miércoles, 11 de diciembre de 2013

Tarde en Congreso y el final.
¿Cuántos trenes pasan ahora bajo mis pies?
¿Cuánto tardaría en pudrirse toda mi carne?

Toda la representación de la pena,
toda la parafarnalia del amor ahogándose en un tinto inútil.
(Ni tus infiernos son palacios).

"Rey de tontos y de nada, muere ya".
La lágrima interrumpida en un eructo no se parece a la poesía.
Glup, glup, glup.

Pero los favores concedidos de a monedas son un premio fácil.
(Adorar a un diablo mutilado siempre significa perder).

Ni tus vueltos son atajos.
Es de noche en Microcentro y no queda más que hambre cruel.

Qué ingenuamente malvados los días de hoy.

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