miércoles, 3 de junio de 2015

"Nunca fui perro", solía decir y paseaba mis vestiditos floreados por las barras de los bares.

Mi madre es rubia, cuando tomaba cerveza -rubia-, la tomaba con hielo. Cada vez que me ofrecía yo me negaba con una disculpa. Se asomaba desde el vaso clarito con sonrisa de niña, me decía: "las mentiras tienen patas cortas". Lo pienso ahora y creo que me decía eso porque asumía que negándole el trago quería decirle que no tomaba, en realidad lo hacía porque siempre fui de pensar que la cerveza o el vino con hielo pierden cualquier sentido posible.

"Nunca, nunca fui perro", me repito, y ella se asoma otra vez desde los vasos mugrientos en las barras de estos bares nuevos y tristes. Yo me río, quiero ir al baño, se me engancha el vestido en un clavo oxidado de la silla.
Las piernas de las mentiras no son largas. Las mías tampoco.

1 comentario: