Te había regalado
un sombrero y una almohada.
Debía cuidarte
de no perder
la cabeza.
Ahora frente a mí
masticás tu tarta de acelgas,
reforzamos las amarras
del statu quo
que ofrece el televisor.
Como un regalo
para no perder la cabeza.
Para perder la rareza
de levar anclas
y salir
al tiempo.
"Mi amor me dice 'poisson rouge'
porque me olvido
de las cosas",
te digo.
"En el acuario de Alicia había un tiburón,
antes",
decís.
"Qué picardía", dijo el tele.
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